Cimientos para una comunidad

Autora: Ximena Suárez Corzo, Directora Ejecutiva de Fideicomiso Fuerza México.

 

Cubiertos con pieles y armados con largas lanzas, un grupo se organiza para atrapar al gran reno que pasta distraído. Con sonidos ásperos y señas, consiguen cazarlo y llevar el valioso cargamento de regreso a la cueva. Cada vez era más difícil conseguir una presa: los renos y otras especies huían al norte mientras el clima se volvía más cálido. Así como los grandes animales huían al norte, el clima favorecía la producción de vegetación apta para el consumo humano.

 

Es así como hace alrededor de 10,000 años, el Homo Sapiens dejó de ser nómada, habitante estacional de cuevas encontradas al azar durante la cacería, para volverse en un recolector que habitaba en cuevas elegidas, sin depender de sus presas.

 

Poco después surgió la agricultura y el hombre comenzó a construir precarias cabañas cerca de los campos que cultivaba. El siguiente paso fue la construcción con adobe y piedra, junto con el incremento de la domesticación de animales y la ganadería, para culminar este último período de la edad de piedra con la creación de poblados, mercados, el comercio y la escritura.

 

Aunque se han encontrado fósiles de un Homo Sapiens de hace 300,000 años, es hasta el Neolítico que el clima y el medio ambiente permiten a estos grupos de primeros humanos, satisfacer sus necesidades básicas de alimento, resguardo y territorio propio bajo el concepto de lo que ahora conocemos como una “vivienda”.

 
 

Es a partir de la edificación de viviendas que se consolidan los grupos sociales y la civilización en general. Las construcciones dieron cabida a las interacciones sociales y con ello al desarrollo del lenguaje, la transmisión del conocimiento, las negociaciones e intercambios, el desarrollo de vínculos afectivos, la estructura familiar y en general, la civilización humana.

 

Considerando que el Homo Sapiens aparece hace 300,000 años, resulta sorprendente que, en tan sólo 3 mil años, a partir de que los hombres tuvieron una vivienda -fomentando las relaciones cercanas y el compartir afectos y conocimientos- es que surgieron las bases de toda cultura y civilización: el lenguaje y la escritura.

 

Desde entonces y hasta hoy, tener un hogar no significa únicamente protección y refugio, es un elemento esencial y catalizador del desarrollo humano a través de la convivencia familiar y comunitaria. Ahí se constituye y construye la familia, se vincula la pareja y crecen los hijos.

 

Es fácil evocar una familia conviviendo alrededor de la mesa o estudiantes haciendo la tarea en ese mismo lugar. Las confidencias de los adolescentes, las discusiones políticas, las propuestas de innovaciones o nuevos trabajos, la convalecencia de una enfermedad. Ahí es también donde se aprende y ejercita el principal trabajo humano: cuidarnos unos a otros a través de los afectos, la atención emocional a las personas cercanas y el desarrollo de la socialización de los miembros de la familia.

 

Todo ello hace crecer las capacidades individuales y grupales para obtener bienestar y mejorar la calidad de vida. Cuando las personas resuelven la necesidad básica de contar con un techo propio, se da espacio para iniciar proyectos que implican una mejor educación para sus hijos, un mejor empleo o quizá emprender con un negocio propio.

 

Cuando la naturaleza te arrebata de forma inesperada ese espacio, se lleva junto con ladrillos los sueños y esperanzas forjados en ese hogar.

 

De allí la relevancia de buscar que las personas damnificadas por fenómenos naturales regresen lo más pronto posible a su vida cotidiana, y quizá a mejorar la calidad de vida que tenían anteriormente. La reconstrucción de viviendas en zonas vulnerables es una prioridad para el Fideicomiso Fuerza México, ya que sabemos que el contar con una vivienda digna marca el comienzo de una vida más próspera.

 

Es por ello que cada día nos llena de orgullo ser parte de este proyecto, que no sólo contribuye a la reconstrucción de inmuebles, sino a la reconstrucción de vidas y familias que lo perdieron todo.

 
 
 

El Fideicomiso Fuerza México está apoyando la reconstrucción de más de 5 mil viviendas en 8 Estados de la República. Sabemos que el beneficio que tienen las más de 20 mil personas a las que estamos ayudando repercutirá en que tengan un patrimonio propio, una casa con materiales de calidad, con espacios amplios para la convivencia familiar, pero sobre todo que su nuevo hogar se convertirá en el inicio de nuevos sueños y metas por cumplir.

 

Esperamos que más mexicanos se sumen a este proyecto, ayudando a aquellos que más lo necesitan, creando una mejor comunidad, una mejor sociedad y por lo tanto un mejor país para todos.

 

Twitter: @XimeSuarezCorzo

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