LA RESPONSABILIDAD DEL FIDUCIARIO

Cuando en 1995 mi amigo Jairo me dijo que estaban buscando a alguien para trabajar en el área comercial de una fiduciaria y que si quería participar en ese proceso, le pregunté: ¿qué hace una fiduciaria? Los cargos que había tenido hasta ese momento no habían tenido relación con esta industria y menos con áreas comerciales; él me dijo “fresco que es para trabajar conmigo”.

La entrevista fué en el edificio de un banco muy importante, en una oficina muy bonita. Unos días después mi amigo me llamó y me contó que había pasado y que fuera a realizar el proceso de vinculación.

El primer día me presentaron a la Dra. Stella Presidente de la compañía. Aún recuerdo sus palabras, ella me dijo “Bienvenido y que aprenda…”. Esas mismas palabras las he utilizado muchas veces en mi vida como fiduciario, siempre que llegaba alguna persona nueva a trabajar o no conmigo y tenía oportunidad de presentarme les decía “Bienvenido y que aprenda…”.

En su momento no entendí el sentido de esas palabras, ¿que aprenda? ¿que será lo que tengo que aprender? Yo suponía que este trabajo sería igual que los otros administrativos que había tenido hasta ese momento, donde se aprende lo que se debe hacer y luego lo mismo.

Desde ese momento comenzó mi proceso de formación en fiducia, el cual luego de 25 años puedo decir con certeza: no he acabado. Se aprende todos los días y de igual forma se comparte ese conocimiento.

Durante este tiempo he hecho muchos amigos, he visto el progreso de muchas personas y de muchas empresas, y he ayudado de alguna u otra forma al crecimiento de esta industria. Todo eso hace que esté altamente agradecido con mi amigo Jairo por haberme enganchado en este negocio y del cual ahora vivo como gerente de Be Trust, mi empresa de consultoría dedicada a prestar servicios a la industria fiduciaria.

Una de las cosas más difíciles que me costó aprender y que a mi juicio debe ser lo primero que se le explique a quienes laboren en una fiduciaria o en una sección que administre fideicomisos, fue el identificar y entender la responsabilidad que el fiduciario adquiere cuando se ofrecen servicios y administran negocios fiduciarios. 

Si nos remontamos al inicio de fiducia en el mundo, la responsabilidad del fiduciario nace con la esencia misma del negocio, cuando en el derecho romano se le otorgaba al fiduciario la responsabilidad del buen cumplimiento de las actividades asignadas, de acuerdo con la voluntad de quien confío en él. 

La responsabilidad, como muchas cosas que existen y no vemos, es algo difícil de identificar y por lo mismo de cuantificar, y si se decide trabajar en esta industria hay que esforzarse por adquirir la habilidad de identificarla, esta le servirá mucho para la toma de decisiones en la vida de un fiduciario. 

Como lo indique, la responsabilidad es difícil de identificar y de cuantificar, puesto que tiene un grado de subjetividad que depende mucho de la cultura propia de cada administrador fiduciario, de la forma de ver y analizar los riesgos así como de la propia estructura organizacional con que se decida administrar los fideicomisos. Sin embargo las diferentes legislaciones dan las premisas básicas respecto de la responsabilidad del fiduciario, como por ejemplo indicando que debe actuar como un buen hombre de negocios o indicando que la responsabilidad del fiduciario va hasta la culpa leve en el desarrollo de su gestión, por lo cual es importante realizar una interpretación adecuada por parte de la administración de la entidad para determinar el alcance real de esta obligación legal. 

Alguien de forma desprevenida podría pensar que una fiduciaria es como un outsourcing que se encarga de hacer pagos, nada mas lejos de esa realidad. Algunos clientes desestiman la responsabilidad, llevando al fiduciario a medir su gestión por temas netamente operativos como el número de pagos, los informes, los viajes, etc., de esta forma incorporan dentro de los contratos la responsabilidad legal del fiduciario pero no pagan por ella.

La responsabilidad se mide al momento de estructurar los negocios fiduciarios, para lo cual se debe identificar con claridad cuál es la finalidad que tiene el cliente de hacer un negocio, qué tipo de negocio necesita, quiénes intervienen en el mismo y conocer e identificar detalladamente las actividades y el alcance de las mismas. De esta forma se analizarán los riesgos que el negocio tiene y la responsabilidad que su administración conlleva.

Cuando se analizan los laudos arbitrales o los fallos de las cortes en los cuales las fiduciarias se encuentran involucradas, se observa que los árbitros o jueces sustentan sus decisiones en la responsabilidad que el fiduciario tiene, incluso en ocasiones yendo más allá de lo que se pensaba respecto del negocio fiduciario, ese es el criterio de las personas.

Por ejemplo en Colombia a partir de 2016 la circular 024 le impone a las fiduciarias que incursionen en negocios inmobiliarios la obligación de evaluar, valorar y verificar que se encuentren dadas las condiciones técnicas, financieras y jurídicas para que el proyecto llegue a término, antes de permitir que los constructores dispongan de los recursos de los futuros compradores. De igual forma le impone las mismas obligaciones a la fiduciaria en cuanto que el constructor o promotor del proyecto cumpla con unos niveles mínimos de solvencia, capacidad técnica, administrativa y financiera.

Como vemos, la responsabilidad del fiduciario va más allá de ser un simple administrador de recursos y de registro de transacciones. La responsabilidad implica cada vez más un conocimiento técnico de los negocios en los cuales es administrador o incluso propietario de bienes, buscando que cuando existan terceros o beneficiarios que de alguna forma participan en el negocio, se les brinde seguridad por la participación de un fiduciario.

Con este artículo busco que los responsables de los negocios fiduciarios, y en particular aquellos que llevan poco en esta industria, tengan en cuenta que la responsabilidad del fiduciario es real, que debe ser evaluada, cuantificada y cobrada, y que es uno de los conceptos más importantes en la administración de negocios fiduciarios y lo que en realidad genera más valor para los clientes.

Andres Castañeda Monroy

Gerente Be Trust
Colombia

La aplicación de la Mediación en la Planeación Patrimonial Familiar.

Contar con una planeación patrimonial consiste en tener en orden todos los bienes con los que uno cuenta y poder prevenir el impacto que pudieran tener ciertos eventos como una enfermedad, un accidente o la muerte. De igual forma, contar con una adecuada Planeación Patrimonial contribuye a que se prevengan futuros conflictos familiares al dejar en claro cómo se van a distribuir los bienes o de qué forma los mismos pueden ser aprovechados y en qué momento. Para ello existen diferentes herramientas jurídicas que son muy efectivas y que dan certidumbre legal para cumplir estos objetivos como por ejemplo el Fideicomiso. 

Pero qué sucede en aquellos casos en los cuales la planeación patrimonial no depende de una sola persona, sino más bien de una familia que comparte la propiedad de un bien o un conjunto de bienes, esto implica que dos o más miembros de la familia tengan que llegar a acuerdos acerca de la distribución del patrimonio que poseen y de cómo puede ser aprovechado por las futuras generaciones. 

Hablar sobre temas de planeación patrimonial dentro de una familia suele tocar fibras sensibles, ya que cada uno de sus miembros puede tener diferentes posturas respecto a cómo se debe a manejar el patrimonio por lo que es importante explorar cuales son los intereses y necesidades de cada uno de ellos para continuar con la armonía familiar a la que vez que se protege el patrimonio para ellos mismos y para sus descendientes.

Una opción totalmente viable para aquellas familias que presentan dificultades para ponerse de acuerdo respecto su planeación patrimonial es la Mediación.

¿Qué beneficios ofrece la Mediación en la Planeación Patrimonial de una Familia?

La Mediación es un medio por el cual un tercero imparcial denominado Mediador interviene en una controversia para que las mismas partes, a través del diálogo, encuentren una solución que sea satisfactoria para todos los involucrados. Y tomando en cuenta que el mediador es un profesional que tiene una formación especializada en temas referentes a la interacción y comunicación humana, resolución de conflictos y gestión adecuado de las emociones, las diferencias que surgen en una familia como consecuencia de temas relacionados a la planeación patrimonial pueden definitivamente ser resueltos a través de la Mediación. Además, ofrece ventajas que resultan atractivas para este tipo de controversias entre las que se encuentran:

Confidencialidad – El Mediador fomenta un ambiente en el cual los miembros de la familia se pueden escuchar y expresar, y todo lo que se trate dentro de las sesiones ahí se queda, la información no puede ser compartida con nadie más.

Ahorro de tiempo y dinero – Existen casos en los cuales las familias, al abordar temas patrimoniales, lamentablemente terminan peleadas e inclusive llevan estos problemas ante un juez. Sin embargo, en la mediación los miembros de la familia son los dueños del proceso y son ellos mismos los que deciden el número de sesiones que consideran pertinentes para resolver sus conflictos, esto es un proceso que puede durar días o semanas o como las partes lo consideren a diferencia de un juicio que puede tardar años lo cual implica pérdida de tiempo y un alto costo económico y emocional.

Cumplimiento de los acuerdos – Debido a que los acuerdos a los que se llega con la familia surgen de sus propios recursos y propuestas, es altamente probable que sus miembros se sientan más comprometidos con cumplirlos y si lo aterrizamos al tema de la planeación patrimonial que ejecuten las acciones para proteger sus bienes.

Es así como se concluye que es importante definir los instrumentos con los cuales se van a proteger los activos de una familia, pero si presentan dificultades previas para definir cómo lo van a hacer, una forma práctica para resolver estas dificultades es a través de la Mediación.

Juan Miguel Castro Alcocer.

Licenciado en Psicología y Derecho.
Mediador Privado Certificado.